Uno y otro, asi, fueron escribiendose mutuamente una pagina que parecia no tener por que tener fin. Ella había llegado al final de su pagina y no quiso esperarle, por que iba a hacerlo si el solo tenia un boligrafo sin tinta y un mechero sin gas ni piedra que no calentaba, porque no iba a pasar una pagina y quedarse en la de el si el no iba a seguir escribiendo.
Asi que, como ella, hizo un movimiento de mano y miro al otro lado a ver que tal pinta tenia, y estaba en blanco.
Se arremango las mangas y acepto que ya nadie iba a escribirle sus paginas.
Solo el. Hizo balance de todas las perdidas y rodeado de numeros rojos
pensó en sus ojos, los de ella, y lamento no haber sabido escribir mas rapido que ella en leer.